....Nuestros antiguos ancestros creían que había más en nuestro mundo de lo que podemos ver y sentir con nuestros sentidos. Creían que había entidades invisibles, seres más grandes que nosotros, más poderosos, inmortales e inhumanos. Existen no solo en el más allá, sino en la nada que hay en medio. Tenían palabras para describirlos. No te importunaré con nombres, pero había cientos de ellos. Y hubo un ser en particular que atrajo el interés de los hombres más ambiciosos. Algunas veces se le llamaba el Guardián, o el Ser de Humo y Ceniza. No entraba en nuestro mundo, por lo que sabemos. Habitaba en el Vacío; que es el mundo opuesto exacto al nuestro, por tanto ni sospecha de nuestra existencia, ni de la existencia de nada más. Está atado por su propia ignorancia con respecto a nosotros. Y esto, es buena cosa, ¿verdad? Porque una criatura con una inhumanidad tan poco adulterada, un poder tan irreflexivo, si descendiera sobre nosotros, no sería nada menos que el Destructor.

....Por tanto, es buena cosa que esté ahí fuera... y nosotros aquí. Y aún así... ¿Y si algo le hiciera ser consciente de nosotros? Después de todo, nos movemos entrando y saliendo todo el rato por ese lugar de cruce, ¿verdad? Cuando morimos, pasamos a través de él. ¿Cuando efectuamos cierto tipo de magia, cuando desaparecemos, no nos deslizamos también por el Vacío? Afortunadamente, el Guardián vive fuera del tiempo, así que no nota nuestra diminuta existencia atada al paso de ese tiempo. ¿Pero y si uno de nosotros, uno particularmente poderoso, saliera del tiempo y entrara en el Vacío? ¿Y si uno de nosotros permaneciera allí lo suficiente como para que el guardián reparara en él?...

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